Es cierto que en la actualidad, por suerte para los padres y pediatras - y “no tanto” para los chicos por los pinchazos- existe una gran variedad de vacunas seguras y eficaces.
De la consulta pediátrica surgirá la indicación precisa de las vacunas que se deben aplicar, y en ese caso, consideramos importante hacer partícipe a los chicos de la importancia y los beneficios de la vacunación.
Sabemos entonces que las vacunas son necesarias...pero en algún momento hay que aplicarlas! Qué situación!
Y allí surgen las ansiedades e interrogantes del caso:
¿Dónde lo vacuno? ¿Quién lo va a vacunar? ¿Será experto, lo conozco? ¿Cómo va a tratar a mi hijo, cómo me va a tratar? ¿Y si el bebé se mueve, le dolerá? ¿Qué va a sentir... cómo será cuando tenga que volver a vacunarse si sintió dolor o se quedó molesto?
Los bebés y los chicos siempre están comunicándose, y es tarea de los adultos ser “descifradores” de señales; ser decodificadores en un marco de contención y afecto, condiciones básicas en la primera infancia.
“Se habla de los niños pero no se habla con ellos” (Dolto).
Los chicos y aún los bebés, escuchan y sienten, y si bien no pueden entender todo, dan significado a las actitudes de los adultos. Los gestos, la actitud corporal, el tono de voz se ponen en juego con los adultos que los rodean. Ellos deben sentir, a través de todos los sentidos, que son el centro de atención de quienes los cuidan.
Transmitimos aquello que sentimos o “¿acaso es posible llevar adelante cualquier actividad sin sentirla?” Estas claves son las fundamentales, y aunque no sea habitual llevarlas a la práctica en el mundo de hoy, “express y tecnológico”, la sensibilidad es condición en la atención de los chicos.
Estamos convencidos que el momento de la aplicación de las vacunas es especial, requiere de afecto, de contención y de seguridad.
Creemos que es fundamental no sólo que quien vacuna sea experto técnicamente sino también que contemple las características y respete las necesidades de la personita en cuestión y las de sus papás.
Creemos que la confianza es fundamental, por eso pensamos que la continuidad de quien vacuna como figura es imprescindible; que el profesional forma parte del entorno de adultos conocido para los bebés y los papás, y que esta continuidad permite la construcción de un vinculo que los hace sentir más relajados para que la vacunación además de ser eficiente sea amigable.
Creemos que es fundamental que el entorno físico también les comunique a los chicos cariño y comprensión. Que los colores y los juguetes sean un estimulo para la interacción con el otro.
La infancia se vive una sola vez, y nuestros derechos y responsabilidades como adultos implican facilitar el derecho del niño a tener la mejor infancia posible. |